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8 marzo, 2018 -

Educar a las mujeres es un aspecto central del desarrollo social.

Foto UNESCO

“Estamos decididos a velar por que todos los seres humanos puedan realizar su potencial con dignidad e igualdad en un medio ambiente saludable” Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible 

El libro Aprender libera el camino, es el resultado de una serie de entrevistas que cuentan la historia de vida de mujeres que a pesar de las adversidades se han visto beneficiadas y han logrado cambiar no solo su vida sino su entorno a través de la educación, creada por la escritora guatemalteca Carmen Lucía Alvarado Benítez y forma parte de las acciones que la UNESCO Guatemala realiza para promover la reinserción escolar de las mujeres y niñas.

Hoy, en el marco del Día Internacional de la Mujer, compartimos la historia de Margarita, uno de los relatos que ha servido de inspiración para el Proyecto UNESCO-Malala para el derecho de la educación de las niñas, adolescentes y mujeres jóvenes indígenas en el altiplano del país que se inició a principios de 2018 y que tiene como objetivo fortalecer las políticas educativas de la igualdad educativa de las mujeres a nivel nacional. Además, apoyará los esfuerzos del Ministerio de Educación para ampliar la cobertura educativa de los programas de educación extra escolar.

LUZ, LIBERTAD Y PAZ

Margarita nació en 1979 en una familia de nueve hermanos en la aldea Los Cipreses del municipio de Momostenango, Totonicapán. Ahí las personas se dedican mayoritariamente al cultivo de la tierra y las mujeres al tejido. Cuando era pequeña vivía junto a la escuela, y aunque su mayor deseo era ir a aprender, solo pudo ver desde la ventana como otros niños pasaban frente a su casa para ir a clases.

Para una niña no es fácil estudiar, a veces los papás creen que no lo necesita; ese fue el caso de Margarita. Pero sus ganas de estudiar eran tan grandes, que logró convencerlos de que la llevaran a la escuela. Lamentablemente la escuela tuvo que cerrar y, aunque la inauguraron nuevamente, Margarita ya tenía doce años cuando regresó. No le gustaba ser mayor que sus compañeros, pero aprender a leer y a escribir era algo que siempre había deseado .

Cuando tenía trece años supo de un programa especial en el que recibían a niñas mayores con ganas de aprender, se llamaba PEAC (Programa de Educación para Adultos por Correspondencia). Este pro- grama cubre la educación a nivel de primaria y cuenta con cobertura a nivel nacional. Es uno de los pro- gramas encargados de proveer educación a la población guatemalteca que ha traspasado la edad escolar. PEAC ofrece un servicio gratuito, dinámico y creativo que se adapta a la vida de las estudiantes, en busca de un desarrollo integral para mejorar su calidad de vida.

El mundo de Margarita se hizo grande. Aprendió a sumar y a restar yendo al mercado con su maestra, aprendió a contar y a calcular mientras iban a sembrar. Su aula fue la vida misma, todo lo que hacía cotidianamente se convirtió en una forma de estudiar. Así terminó los primeros años de escuela, poniendo en práctica cada detalle que aprendía.

Cuando entró a secundaria, en un programa regular, empezó a trabajar, llevando a otras niñas a pro- gramas como el PEAC. Margarita terminó la secundaria, pero ella quería seguir aprendiendo. Fue a la universidad y ahora es una trabajadora social. Tiene su propia empresa de tejidos en Los Cipreses, y se dedica a enseñarles oficios a otras mujeres de su comunidad para que puedan sostenerse por sí mismas. Margarita se siente feliz porque para ella la educación es la luz en el camino, es la libertad para caminar, es la paz.

 

Descarga el libro.

Lee el mensaje de la Directora General de la UNESCO, Sra. Audrey Azoulay, con motivo al Día Internacional de la Mujer. 

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